FANTASMAS EN LA INFANCIA

A quien no le ha sucedido en su niñez, haber presenciado fantasmas, vivir experiencias aterradoras tan reales que se quedan grabadas en la mente, que al paso de los años, siguen siendo recuerdos tan frescos como atemorizantes. Con la madurez, analizamos las vivencias paranormales del pasado y nos damos cuenta que no fueron fantasías, ni producto de la imaginación, sabemos a ciencia cierta que tampoco fue el miedo por ver películas de terror y menos aún por escuchar historias de fantasmas. Todo fue verdad, sucedió y ahí está, como imágenes lozanas que jamás podremos desechar de la memoria.

Si acaso, se pudieran guardar los recuerdos en el olvido, lo primero que atraparíamos entre el polvo y las telarañas que teje el pasado, serían los amargos recuerdos de la niñez, pero no se puede, hay que convivir con ellos. Y entre esas reminiscencias están las apariciones, los ruidos, la sensación escalofriante de convivir con entidades, saber que están a nuestro lado, como fieles testigos de nuestras vidas, entes que se manifiestan en cuanto entramos a una habitación, y la sentimos llena de ellos, nos causa miedo, y una angustiante necesidad de respirar muy profundo, porque nos roban el aire, la piel se eriza en instantes y un frío intenso nos rodea.

Estas situaciones paranormales le sucedieron a Miguel Marin durante su infancia, y ahora, convertido en hombre de empresa, aún las recuerda, como parte importante de su vida. El, como Erick, su hermano gemelo y sus seis primos, todos niños entre los siete y ocho años, tenían un lugar favorito para convivir y jugar, la casa de su abuela Cruz, en la Calle Cástulo Herrera de la Colonia 9 de Septiembre, en ésta, Ciudad Juárez, Municipio de Chihuahua.


Era el sitio preferido de los ocho niños, para reunirse y disfrutar de los mimos y atenciones de su abuelita, que a pesar de utilizar bastón o silla de ruedas, no eran impedimentos para disfrutar a sus nietos. Quedarse a dormir en casa de Cruz, era toda una odisea, y fue precisamente una noche de Diciembre en que se pusieron todos los niños de acuerdo para fingir que dormían y poder quedarse. Así lo hicieron, lograron su cometido. Se habían apagado todas las luces de la casa , los niños, todos en una sola habitación con dos camas, disfrutaban en la oscuridad, cuchicheaban sus travesuras y reían bajo las cobijas, cuando de pronto, un ruido extraño sobresaltó a Miguel, alertó al resto de los chiquillos, al parecer alguien escarbaba sobre el techo de la habitación, todo indicaba que querían romper los viejos maderos, la brea y el papel, para meterse.
Los ruidos aumentaban, cada vez con más fuerza e intensidad. El miedo los paralizó, en eso, escucharon la voz de Cruz, que los llamaba con voz angustiosa, Miguel corrió hacia ella, pero debía atravesar la cocina, todo estaba oscuro y no se oían los ruidos, corrió con la firme sensación de que encontraría algo espantoso en la recamara de su abuelita, los niños venían tras él, al abrir la puerta, vieron aterrorizados el rostro de Cruz, postrada en su cama, con los ojos desorbitados viendo hacia el techo, con el pánico reflejado en el rostro, lo único que gritaba, eran los nombre de todos los niños, que de inmediato subieron a la cama y se arremolinaron con ella, todos presas del miedo al escuchar, como se desprendían las trozos de madera y papel, no faltaba mucho para que ese "alguien"entrara en cualquier momento. Miguel salió presuroso de la recamara y llegó casa de sus tíos Héctor y Sonia, que se encontraba a escasos tres metros, que para él fue una eternidad, pidió ayuda sin poder dar una explicación coherente a lo que estaba sucediendo, llegaron de inmediato, escucharon los impactantes ruidos, Héctor sacó a todos los niños de la casa y dejó a Sonia con su madre para subirla a la silla de ruedas, ¡ Los destrozos sobre el techo iban acompañados de fuertes arañazos!, ¡El ruido se había vuelto insoportable, pareciese que unas uñas gigantescas estuviesen abriendo con frenético impulso, un camino para introducirse a la casa!.
Héctor trepó de inmediato por una barda, se armó de un garrote para defenderse del supuesto intruso, ¡Pero no había nadie!, el escalofrío recorrió su cuerpo, el techo estaba intacto, no había ningún daño o desprendimientos que ocasionaran los ruidos. Cuando llegó la calma nuevamente a todos, se dieron cuenta que el infernal ruido, solamente había durado entre dos o tres minutos. La vertiginosa carrera de Miguel, de una recamara a otra y correr hacia la casa de sus tíos, pudo haber parecido tiempo interminable. Pero la verdad, es que cuando la presencia de una entidad se apodera de una finca, puede transportar a todos los habitantes a una dimensión donde el tiempo no existe, y llevarlos al borde del paroxismo.

Ante lo que pudiera confundirse con un pánico colectivo, éste caso no lo fue, la incertidumbre quedó en todos quienes escucharon los ruidos paranormales, tal vez, muchos desearon olvidar éste suceso, y no lo comentaron jamás, pero la influencia que sembró en Miguel y su hermano Erick, fue decisiva, se continuaron los sucesos sobrenaturales y las premoniciones, una conjunción de sueños, de hermanos, de gemelos afrontando el todo y la nada, en una dimensión desconocida.
Marcela Unna
sande2056@hotmail.com
Octubre 07, 2005.

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