Mi marido me mató

El escepticismo es un hecho. No se encuentra usted fácilmente a alguien que acepte la existencia de entidades, fantasmas o en el mejor de los casos, espíritus. Pero si lo vemos desde el punto de vista científico, diremos "energía". Así es, energía que nos sostiene, por la que nuestro cuerpo funciona, de ahí, la llamada energía negativa y positiva, conocida por todos, veámoslo de la siguiente manera: el alma. Una persona que actúa en contra de toda regla moral, social, espiritual, etc., se traduce a un ser desalmado: malo, perverso, asesino, violador, etc., he ahí la energía negativa. Todo su ser está cargado de maldad. Por consiguiente, todo lo que toque y a quien se acerque, lo estará contaminando, creando siempre a su alrededor, círculos de enfermedades y oscuridad, donde todas sus acciones, irremediablemente, gozarán de una dicha inexistente. Este tipo de seres humanos, tienden a fallecer igual o en peor forma que el daño que ocasionaron a otros. Su alma es un cúmulo de odios. La constante insatisfacción de su vida, se prolonga mucho más allá de su muerte.
La insistencia de muchas entidades, para ser escuchadas, es precisamente para descargar el peso de lo que en vida fue una conciencia dañada, la búsqueda del perdón es relativa en comparación al dolor que suelen manifestar. El hecho de ser escuchados, les ayuda a descargar todo el mal que acumularon durante su vida. Hay que saber diferenciar las entidades negativas a las positivas, éstas últimas, la mayoría de las veces, solo desean pasar cuidados, consejos, y en el mayor de los casos, prevenir a los suyos, llegándose a ellos, por medio de los sueños. Sueños premonitorios, de amor y consuelo. Sueños que no lo son, por que los seres amados que se ausentaron por la muerte, están presentes, como ángeles que protegen. Ahí, parados, al pie de la cama, observando e irradiando amor con su mirada a los que dejaron.
También hablaré sobre los que no saben que están muertos, arrastran una "falsa realidad", les fue arrebatada la vida, pero no lo aceptan, pretenden seguir en una "aparente vida", acumulan el desasosiego por sus angustias , la ira por no ser vistos, el coraje y el rencor por ser ignorados. Todo esto, es energía negativa. Tratan de vivir en el cuerpo de otros, para manifestarse, buscan al más débil,. Enferman a familias completas, vuelven inhabitable el hogar donde vivieron. Los ruidos, ecos y susurros se vuelven el componente básico para crear un caótico e inagotable ambiente de terror.
El siguiente relato sucedió en la calle Sostenes Garza y Juan Murga en el Fraccionamiento 5 de Mayo en ésta Ciudad. En casa de Alberto y su esposa Claudia. Fue solicitada mi presencia para detectar los continuos fenómenos paranormales que habían terminado con la tranquilidad y el sueño de la familia. Al llegar a la casa, opte por realizar la comunicación automática, en la mesa de la cocina, abrí mi cuaderno, me preparé para percibir alguna entidad, y así fue, ahí estaba, una mujer que estaba pasando a mi mente sus propias imágenes, envuelta en un rebozo, tan grisáceo como su semblante, el color de sus manos y pómulos semejaba el acartonamiento de la ropa. Pero se movía, lentamente, camino hacía mi, levantó un brazo apenas cubierto de piel marchita, los huesos se acentuaban entre sus ropas, sentí su mirada dentro de las cuencas vacías, el olor a polvo prevalecía ante el olor a muerte. Me señaló un sitio determinado en el centro de la cocina, en el piso, en ése momento, las imágenes cobraron color y movimiento, y me dejó ver su agonía. En un cuarto al parecer muy pequeño estaba una mujer de espaldas, y frente a ella una empalizada en forma horizontal, se veía humo y ella movía los brazos, pude ver la orilla de un anafre. En forma sorpresiva, cambió todo ése cuadro y llegó un hombre, del que sólo pude ver el perfil de su rostro, estaba hundiendo un cuchillo en la espalda de la mujer, me estremeció el aullido de dolor que emitió, sus manos hacían un esfuerzo sobrehumano tratando de quitarse el acero que perforó sus pulmones, dejó de gritar, la sangre empezó a llenar su garganta, ahogándola, me veía a mi o a su agresor, pero su mirada hablaba de todo el dolor infringido, el dolor de toda su vida, reflejado en sus últimos segundos.
Cuando terminé con esta visión, vi los rostros de angustia y asombro de Claudia y Alberto, en mi cuaderno no había nada escrito, las páginas estaban en blanco. Ellos me hicieron saber que durante en trance que pasé, me levanté de la silla, caminé hacia el centro de la cocina, me hinqué en el piso para indicarles el lugar de su asesinato, pero no era yo, era ella, la mujer de gris. Tomó mi cuerpo para indicar el lugar exacto del homicidio. Regresé a mi lugar en la mesa, después de haber pasado ésa experiencia, está mujer debía decirnos quien era, y cuál era el motivo de su presencia en ésa casa. Tomé la pluma y escribí sin premura lo que ella indicaba, ya que aún se encontraba entre nosotros. "...soy juliana tengo mucho frío sabes que yo vivía aquí en esta casucha pero me mato mi marido maldito aun me duele mucho la espalda no tengas cuchillos ni navajas cerquita por que te van a dar mucha tentación..mi cuerpo esta tirado entre matorrales estoy insepulta me tiraron como a un perro ...estoy entre la arena...tengo frío...dame una misa...mi cuerpo no tuvo cristiana sepultura....juliana ramos"
Ahondando en lo anterior, los moradores de la casa, narraron la historia de ésa finca. Hacía más de cincuenta años que en dicho sector existía una maderera, gentes muy ancianas, platicaban que cada peón levantaba sus chozas con la madera que poco a poco iban juntando. Había muchos barrancos y por lo mismo, las casuchas estaban muy lejos unas de otras. En el año de 1979, un matrimonio formado por Juan Enrique y Cruz Teresa, compraron ése mismo terrero, donde había estado la casucha, y fincaron una casa. Pero al parecer, la venganza de Juliana cobraría victimas, ya que los nuevos habitantes, se apuñalaron mutuamente. La obstinada y enconada Juliana deseaba repetir, generación tras generación, su muerte en cada nuevo habitante. Hay entidades resentidas con su propia vida, no ven el presente, sino la repetición revanchista para justificar su propio dolor en seres inocentes.
Claudia y Alberto, realizaron la petición de Juliana, ofrecieron una misa para el descanso de su alma, y fue así, como la energía negativa de una entidad, se transformó de negativo a positivo. Pero definitivamente, para los escépticos, esto será una historia más, hasta que llegue un día especial a su vida, el día de su propia muerte.
Marcela Unna
sande2056@hotmail.com

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