RELATO DE UNA ABDUCCIÓN

 

Este es el relato de Judith, una joven que según ella fué abducida por alienigenas.

 

" Fui abducida desde que era una niña. Solía tener una pequeña marca en forma de cuchara en la parte de atrás de mi pierna, pero eso ahora está ligeramente descolorido. Sé cosas sobre los alienígenas y sus naves, pero desconozco cómo lo sé. A veces pienso, por qué yo. Otros se inventan cosas que yo sé que son ilógicas. Las naves espaciales se mueven a 20.000 millas por hora. Puede que ahora más rápido. Creo que estuve en un ovni, la primera vez, con ocho años, lo cual parece ser mi mejor recuerdo de la nave. Recuerdo a alienígenas sentados ante monitores de ordenador, pero la impresión era naranja. Recuerdo haber visto copas de árboles, creo que habían sido llevados hasta la nave. Después recuerdo viajar muy despacio sobre y a lo largo de la ciudad mirando las columnas de teléfono pasar en la pantalla. Y ellos sabían quién vivía en cada casa. Creo que he sido contactado por muchas veces. Tenían sentido del humor, al menos algunos de ellos. Soy muy consciente de haber visto a los "grises" mientras estaba despierta. Al primero, de pie junto a mi cama con la mirada fija y después alejándose de mí. Había un grupo en mi cuarto de estar, los escuchaba cuando me despertaba, pero cuando me sentaba en el borde de mi cama me decían, por telepatía, que no fuera al cuarto en donde se encontraban. No recuerdo las palabras exactas, pero se que hablaban en serio. Habían venido a hablar con el invisible, que había permanecido conmigo. Al principio pensé que había perdido la cabeza, pero cuando insistí en una prueba que me demostrara que él estaba ahí, la conseguí. La noche que vinieron por él recuerdo que le decían con un tono amable: "No, tu tiempo ha terminado. Debes volver." Estoy siempre alerta sobre su llegada y sé cuando se descubrirán al público. Puede que mis oídos resuenen, pero una vez que están ahí, no tengo miedo. Creo que es el sobresalto y la sorpresa de su llegada lo que me asusta. Puedo estar buscando algo en el congelador, cerrar la puerta y encontrarme con uno. O poniéndome una camiseta y, de pronto, uno está ahí. Casi divirtiéndose de mi miedo, pero al mismo tiempo, no queriendo asustarme. Algunas veces he manifestado en voz alta mi descontento y ellos han cedido, pero lo que está claro es que ellos no están en absoluto amedrentados por mi presencia. Nunca me lavó el pelo o me doy una ducha cuando estoy sola en casa. Recuerdo haber movido la cortina de la ducha y haberme encontrado a uno o dos de ellos ahí de pie. Ahora tengo una mampara de cristal por cortinas. Suelen venir a eso de las 2:30 de la mañana. Si estoy despierta a esa hora, no me levanto ni doy una vuelta por la casa. Les dejo entrar y que me cojan. Estoy perfectamente sana con el resto de mi vida y parece que ellos me han dotado de unas cualidades físicas especiales. Algunas veces sé cuando un ser querido va a morir. Percibí el momento en que mi hermano perdió su ojo; el vive en Nueva Inglaterra y yo en Montana. También supe el momento en que mi madre murió, cuando yo estaba a cientos de millas. Asimismo siento que soy una persona con muy buena salud y que tengo una protección contra los accidentes. Una vez, cuando estaba superando el límite de velocidad, sabía dónde se escondían los coches de policía."

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