TUMBAS DE VAMPIROS

 

 

Tumbas de vampiros cerca de Praga ...

 

Una y otra vez, los arqueólogos que trabajan en la República Checa descubren, lo que según ellos, son sepulcros de vampiros. En ellos encuentran esqueletos que fueron mutilados con métodos con los que, en la superstición de todas las épocas, se pensaba que destruirían a los míticos inmortales de una vez por todas. Los cuerpos descubiertos habían sido desenterrados y aparecían con estacas, las extremidades escindidas y los huesos rotos. Pero cuando los vampiros salían al acecho, más valía estar asegurado que ser compasivos.


Este verano, en agosto, cerca de Moravia, en Olomuc, se encontró una sepultura medieval. En este caso se halló el cuerpo de una mujer, enterrada en dirección norte-sur, posición reservada para los malditos, ya que los cristianos de aquel periodo eran enterrados en dirección este-oeste. Y este mismo año, también en Moravia, los arqueólogos encontraron otros dos nuevos cuerpos. Dos hombres, con las extremidades separadas del cuerpo, enterrados junto con varios niños, todos ellos despedazados. La más famosa de esas tumbas se descubrió en Celakovice, a 10 kilómetros al nordeste de Praga. Los arqueólogos encontraron 14 esqueletos cuya existencia debió corresponderse con el año 1000. Las bocas estaban llenas de tierra y de piedras, las cabezas despojadas de sus cuerpos... Pronto, comenzaron a circular historias que afirmaban que los esqueletos tenían colmillos, los arqueólogos lo negaron. ¿Cuál fue su crimen? ¿Eran seres demoníacos o simples víctimas de la superstición? Europa Central y del Este es el hogar de muchos mitos relacionados con los vampiros. La primera referencia viene de Rusia, donde en el año 1047 un príncipe era acusado por ser un vampiro. ¿Qué es un vampiro? El mito ha evolucionado a lo largo de los años, quizá ellos también, y estos seres sobrenaturales han aparecido con diversas formas y tamaños, con la posesión de una especie de quiméricos poderes. Algunos pueden transformarse en cualquier criatura, otros vagan durante el día, pero todos tiene una cosa en común: han muerto y salen de sus tumbas para sustraerle la vida a los vivos. Por supuesto, los científicos más respetables se niegan a creer en la existencia de este tipo de criaturas e intentan explicar estos sucesos con todo tipo de enfermedades y teorías. Las últimas teorías apuntan a que los vampiros son simples víctimas de la rabia. Los síntomas sorprenden por su similitud. La rabia provoca una hipersensibilidad por la que se reacciona con violencia hacia la luz y los fuertes olores –como el ajo. Las escapadas nocturnas se explican por el insomnio, que es otro de los efectos de la rabia, como también lo es la hipersexualidad. La rabia también provoca que la sangre permanezca durante más tiempo una vez que la persona ha muerto. Y puesto que los perros no son los únicos infectados... En cuanto a los métodos para deshacerse de los vampiros, existen ciertos mitos de los que conviene deshacerse. De acuerdo con el relato de El vampiro en Europa, los habitantes del pueblo de Blov aprendieron lo molesto que resulta deshacerse de estos parásitos. Tal y como cuenta la historia, un pastor es convertido en vampiro. Los campesinos del pueblo deciden desenterrarle y clavarle una estaca en el corazón. Pero esto resulta inútil y el pastor muerto sale de su tumba esa misma noche para continuar con sus habituales escapadas asesinas. Y así continua hasta que es incinerado. Así que si por casualidad os invita a cenar un personaje con la tez cetrina, acento checo y que prefiere la carne poco hecha, hasta el punto de estar cruda y sangrienta, olvidaos del ajo, de la estaca en el corazón y del crucifijo –más aún si es judío, como en El baile de los vampiros, o musulmán- cortadle las extremidades y la cabeza, coged una brasas que ardan con fuerza y asadlo a fuego lento hasta que se calcine – no lo vayáis a arrebatar y que se quede crudo por dentro. Pero, no os equivoquéis, aseguraos bien, no vayamos a calcinar a un pobre checo que hable mal en castellano y que no haya tomado el sol desde la infancia.

Elena Böhm11/5/00

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