MYRIAM DE MAGDALA Y YESHÚA EL GALILEO
El Relato de Poncio Pilatos
El emperador Tiberio había oído
hablar de los hechos prodigiosos llevados a cabo por un judío, al
que todos llamaban Yeshúa el nazareno, - un nombre poco común
entre los judíos - natural de Galilea. Pero acababa de ser informado
de que el mencionado Yeshúa, había escapado de la muerte,
al ser visto de nuevo, resucitado tres días después de haber
sido crucificado por orden del Procurador de Judea Poncio Pilatos.
Aquello necesitaba una pronta aclaración, ya que si realmente aquel hombre poseía poderes sobrenaturales, sería capaz de sanar la horrible deformación del rostro del cesar, que la enfermedad había causado y que sus médicos no eran capaces de curar, así que decidió enviar a un emisario hábil en realizar un relato veraz y detallado, a la vez que fuese discreto y digno de su confianza. Necesitaba conocer si todo lo que se decía sobre aquel judío era cierto, así como averiguar su verdadero paradero, en el caso de que realmente estuviese vivo. Para ello, Tiberio pidió al historiador y escritor Valerio Máximo , - el cual ya había realizado algunos escritos dedicados al emperador - que fuese hasta la provincia romana de Judea, donde encontraría al procurador Poncio Pilatos , y presentando la misiva que el propio emperador le había otorgado, este le facilitaría todo lo necesario para culminar la misión.
Poncio Pilatos se encontraba en su villa palaciega de Tiberiades , en Galilea, junto al lago del mismo nombre o de Genesaret , también llamado mar de Galilea. Allí pasaba la mayor parte del tiempo, ya que su esposa, Claudia Prócula, la cual padecía de una deficiencia respiratoria, prefería aquel clima bochornoso que en la ciudad se respiraba, por su proximidad al lago, al que encontraban en Cesárea, domicilio del procurador en Judea.
Cuando Valerio Máximo llegó a Tiberiades, no tuvo ningún problema en llegar hasta la villa de Pilatos, ya que el oficial de la guardia, habiéndose percatado de la presencia de aquel singular personaje, acudió con presteza a atenderle, mientras que envió un emisario al palacete de Poncio Pilatos para ponerle al tanto, tal como había dejado ordenado el procurador, a fin de que ninguna visita de Roma le encontrara desprevenido.Así, mientras Valerio Máximo era conducido hasta la presencia de Poncio Pilatos, este ya mostraba cierta impaciencia y quizá temor, por conocer cuales eran los motivos que habían llevado hasta allí a un directo emisario del Cesar.
Poncio Pilatos había dado muestras de su crueldad, para con el pueblo judío, al que consideraba inferior como raza, y sus métodos no siempre habían sido del agrado del Senado de Roma, ya que pese a ser el pueblo conquistador, las leyes de Roma estaban por encima de cualquier ciudadano romano, por elevado que fuese su nivel social, y Pilatos era consciente de ello.
El nomenclátor del Procurador se acercó a recibir al enviado del Cesar, para mostrarle el camino hasta la estancia donde se encontraba Pilatos. Una vez Valerio Máximo entró en los aposentos, con gesto respetuoso y a la vez que se inclinaba ante el Procurador de Judea, le extendió la mano con el rollo de la misiva que le entregase el emperador Tiberio.
- ¡ Salve noble Pilatos! (Exclamó Valerio Máximo)...He aquí la misiva que el cesar Tiberio me entregó para ti.
El Procurador tomó la carta y se detuvo en leerla cuidadosamente, antes de contestar al enviado del Cesar. Parecía que no había demasiados motivos para alarmarse, así que el rostro serio y frío de Pilatos, se transfiguró en una amable sonrisa, para contestar:
- ¡Salve Valerio Máximo!...he oído hablar de tus escritos, realmente hacen honor a la divinidad del Cesar Tiberio, y hasta mi sobrino el tribuno Gaius utiliza tus enseñanzas para adornar sus exposiciones en el Senado de Roma.
Era evidente que Poncio Pilatos deseaba complacer a Valerio en la medida que le fuera posible, aunque él mismo, no sabía como podría hacerlo.
- El Cesar me pide que ponga a tu disposición los medios necesarios para que te sea posible conocer los hechos acaecidos recientemente en Judea, sobre todo, hace hincapié en Jesús el nazareno...(expuso Pilatos, confirmando la misiva de Tiberio), pero me temo que no voy a poder complacerte del todo, ya que hace poco más de un mes, durante la Pascua Judía, que Jesús fue crucificado... ¡Maldito Caifás !... (exclamó con rabia), ¡Sabía que ese fariseo me estaba utilizando, él y ese maldito perro de Herodes Antipas !
- Incluso creo que he vuelto a cometer otro grave error.... ( refirió Pilatos, en voz baja).
- ¿A que te refieres? (respondió Valerio con muestras de interés)
Pilatos suspiro profundamente, y después de meditarlo por unos instantes, terció en tono pausado:
- Verás Valerio... Jesús el nazareno era muy distinto a cualquier otro profeta de los que hayan pisado esta tierra. Cuando se empezó a hablar de los hechos prodigiosos que hacía y de la gran cantidad de adeptos que iba ganando cada día que pasaba, me preocupé de estar informado de sus andanzas, por ello decidí que debía estar al corriente de todas sus actividades y dispuse de los medios apropiados.
- Al principio creía que podía tratarse de otro Mesías, igual como ocurriera 23 años atrás, cuando un tal Judas el Gaulonita , se proclamó el Mesías de los judíos, apoderándose de Séforis , pero como recordarás, fueron derrotados por las centurias romanas, arrasando la ciudad entera y crucificando a más de dos mil judíos, para luego vender al resto de la población como esclavos.
- Algunos de aquellos seguidores de Judas el Gaulonita, los más jóvenes, que lograron huir, han seguido a Jesús, mezclándose entre sus discípulos. Tal es el caso de Simón el Cananeo, un judío rebelde que consiguió escapar y al que hemos estado vigilando, junto con otro zelote amigo suyo llamado Judas Iscariote, quien estuvo íntimamente ligado a Jesús, hasta que decidió traicionarlo ante el Sanedrín .
- Herodes Antipas ha utilizado la presencia de estos zelotes entre los seguidores de Jesús, para justificar su procesamiento y ejecución, alegando que pretendía arrebatarle el trono de Galilea.
- ¿Y tú... Pilatos, que opinas al respecto? (interrumpió Valerio) ¿ en qué se basaba Herodes Antipas para creer que Jesús quería usurpar el trono?
- Si bien es cierto que, tanto Judas Iscariote y Simón el Cananeo, así como otros tantos zelotes, no han ocultado nunca su convicción de que Jesús fuese el Rey Judío y por tanto, el deseado Mesías que libraría a los judíos del dominio de Roma, llegando incluso a instigar al pueblo en Jerusalén, durante la pascua, a fin de que fuese aclamado como rey de los judíos, no es menos cierto que Jesús el nazareno nunca se había avenido a confirmarlo, es más, lo que el "rabbí" Jesús predicaba, en nada tenia que ver con una revuelta o subversión contra Roma. De hecho, el motivo real de la animadversión de Caifás hacía Jesús, estriba en los oscuros intereses y trapicheos de este y los sacerdotes del templo de Jerusalén, los saduceos, que han sido denunciados públicamente por Jesús.
- ¿Pero... entonces, cual era el motivo por el qué fue crucificado? (Cuestionó extrañado Valerio)
- Ah, ¡mi noble Valerio!, ese fue mi primer error,... No habiendo hallado culpable al reo, y a fin de contentar a Caifás, ordené que lo azotaran y lo devolví a Herodes Antipas, pensando que con ello sería suficiente castigo, pero ese zorro astuto, no tenía ninguna intención de que Jesús siguiera con vida, ya que estaba convencido de que le iba a usurpar el trono. Así que lo envió de vuelta alegando que Jesús se había auto proclamado Hijo de Dios y rey de los judíos, por ser el único descendiente de la casa de David con derecho al trono, lo cual suponía una afrenta y un peligro contra Roma, si realmente conseguía acceder al trono de Palestina, unificándolo y levantando al pueblo contra el imperio romano, siendo aquello delito suficiente para ser crucificado, ya que la sentencia de muerte solo podía ejecutarla el procurador de Judea. Sabían muy bien lo que hacían, mi noble Valerio, tanto Herodes como Caifás, deseaban la muerte del nazareno, así que urdieron un plan del que no fui capaz de salir...