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LOS CÁTAROS O ALBIGENSES

 

LOS CÁTAROS

por


José Luis Giménez

 

Es en el siglo III cuando, por primera vez en la historia cristiana, se identifica a una secta cristiana con la denominación de "cataros": se trataría de los novacianos.

Sin embargo, la palabra cataros, del griego "Katharoi" o puros, no iba a volver a hacer referencia a otros cristianos, hasta pasados más de nueve siglos, cuando en el 1163, en Renania, el monje Eckbert von Schönau, lleva a cabo una serie de homilías y citas donde hace referencia a los herejes que por entonces hay en Colonia, de una manera despectiva, utilizando para ello la palabra "cátaros", fruto de un juego de palabras que, en alemán, tendría el significado de "los adoradores de los gatos".

La intención de dicho sobrenombre o apodo, se fundamentaba en los rumores que corrían sobre los cátaros, donde se les acusaba de llevar a la práctica obscenos rituales con gatos. Este apodo tomó fuerza y fue el que popularmente fue utilizado para identificar a esta secta cristiana, quienes a si mismos se hacían llamar como "buenos cristianos" o "els bons homes" (los hombres buenos).

Dentro de la jerarquía cátara, existían tres categorías o grados de iniciación:

- Simpatizantes:

Eran todas aquellas personas que únicamente practicaban el "perfeccionismo". Este rito consistía en realizar tres reverencias y una genuflexión al paso de un Perfecto. Se realizaba con la intención de obtener la bendición del Perfecto y recibía también el nombre de "Melhorament".

- Creyentes:

Cuando los simpatizantes se integraban con mayor fuerza en la comunidad cátara, recibían una pequeña iniciación por parte de los Perfectos. En dicha iniciación de corte esotérico, les eran revelados determinados conocimientos, viéndose obligados a practicar la humildad, a no mentir ni jurar, así como demostrar amor por el prójimo. Periódicamente se sometían a una especie de confesión pública y penitencial, denominada "Aparelhament".

- Los Perfectos y Perfectas :

Entre los cátaros, la mujer disfrutaba del mismo nivel de consideración que el hombre, y el grado de perfecto o perfecta se correspondía con el del obispo católico. El nombre de perfecto o perfecta, no indicaba un adjetivo de superioridad o calificación jactanciosa; todo lo contrario, indicaba una idea de perfección, accesible únicamente mediante una dura iniciación. Los Perfectos y Perfectas, eran los encargados de predicar la doctrina cátara, así como atender a los moribundos, a quienes antes de morir les era administrado el único sacramento cátaro: el "Consolamentum", un sacramento que era el equivalente al Bautismo. El Consolamentum era realizado a través de la imposición de manos, y cuyo objeto era limpiar al moribundo de todo pecado, a fin de alcanzar la salvación. También era posible recibir dicho sacramento sin que el individuo estuviera en peligro de muerte; en este caso, el Consolamentum era otorgado previo acuerdo con el creyente y recibía el nombre de "Convenenza". El creyente que había recibido el Consolamentum antes de morir quedaba libre de pecado y, con ello, evitaba tener que volver a reencarnarse. El creyente que era iniciado para ser Perfecto, antes de poder acceder a dicho estatus, debía recibir el Consolamentum de un Perfecto. Los Perfectos eran reconocidos por sus túnicas de color negro o azul marino, las cuales eran sujetadas a la cintura con una soga.

Entre las particularidades más destacadas de los cátaros, están las referentes a su alimentación. No comían carne de animales de sangre caliente, puesto que creían que en una próxima reencarnación podrían reencarnarse en uno de ellos, a excepción de los peces, que sí estaba permitido su consumo por considerarse animal de sangre fría. Esto propiciaba a que la alimentación principal de los cátaros fuese vegetariana.

Los cátaros practicaban el ayuno y rechazaban el acto sexual con fines de procreación, a fin de no traer nuevas almas al mundo, ya que creían que permanecerían prisioneras dentro de un cuerpo físico y material. En cambio, en su desprecio hacia el cuerpo físico y la carne del cuerpo, aceptaban las relaciones sexuales libres, así como la homosexualidad, ya que pensaban que el espíritu también participaba del disfrute del cuerpo. Como excepción a dicha practica sexual se encontrarían los llamados Perfectos, quienes hacían voto de castidad.

Sentían desprecio hacia la Iglesia Católica así como a sus sacramentos, refiriéndose a la misma como "una cueva de ladrones", debido a las actuaciones y abusos llevados a cabo por los obispos y clérigos de la Edad Media. Rechazaban el culto a la cruz, ya que consideraban que representaba un instrumento de suplicio y no un símbolo de salvación. Aceptaban el suicidio como una forma de liberación del espíritu, por lo que no lo consideraban pecado. A tal efecto, en los momentos más difíciles y adversos, podía llevarse a cabo una práctica suicida, conocida como la "Endura", donde los cátaros morirían por ayuno total voluntario.

© José Luis Giménez

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LA HEREJÍA CÁTARA

Durante la Edad Media, en el periodo que comprende desde mediados del siglo XII, hasta principios del XIV, y en las zonas del sur de Francia, iba a producirse el resurgir de una nueva herejía que marcaría un antes y un después en la historia cristiana. Se trataría de la herejía cátara o albigense.

Cuando se hace referencia a la palabra herejía, nos estamos refiriendo a una doctrina u opinión religiosa que la Iglesia considera en contraposición a la doctrina Católica. Algunos teólogos van más lejos: y añaden que la herejía es contraria a la verdad revelada por Dios y propugnada por la iglesia.

En el caso de la llamada "herejía cátara" o albigense (en referencia a la ciudad de Albí, Francia), se hace referencia a una doctrina cristiana dualista, es decir, a la concepción que los cristianos de corte gnóstico tenían sobre la naturaleza de las cosas. En tal sentido, y tal como ocurriese con la doctrina maniquea, la deidad era representada mediante dos realidades separadas: el Dios bueno; un Ser Supremo Espiritual Trascendental e Indefinible, y en el otro extremo se encontraría al Príncipe del mundo material o Satán. Según dicha concepción, todo lo que existiese en el mundo sería obra de Satán o el dios del mal, y por tanto, el Dios bueno no tenía responsabilidad sobre los actos cometidos.

De acuerdo a dicha doctrina gnóstica o dualista, los cátaros, tal como ya ocurriera con los maniqueos, no verían a la figura de Jesús como al Dios hecho hombre que propugnaba la Iglesia Católica, sino que ven en Jesús a un ser hipostático (de naturaleza divina y humana). Una criatura de Dios que, lejos de encarnarse físicamente, se presentaría como una alucinación. Motivo que justificaría el que, según dicha creencia, Jesús no llegase a padecer ni a ser crucificado. Esto supondría que los cátaros viesen a Jesús no como un Dios a quien adorar, sino como un maestro espiritual, cuyas enseñanzas serían el camino que ayudarían al hombre a apartarse del apego hacia lo mundano y por tanto, el camino hacia la liberación del espíritu. Este concepto es el que marcaría que los cátaros no viesen a Jesús crucificado como símbolo del cristianismo.

Esta situación provocaría que los cátaros creyesen que el espíritu del hombre se encontraba prisionero del cuerpo material, por lo que, para conseguir la liberación del espíritu, practicarían un estricto ascetismo que les libraría del ciclo de las reencarnaciones.

Anteriormente a la herejía cátara, en el sur de Francia y norte de Italia, durante más de un siglo, había arraigado la herejía bogomila, cuya doctrina no se diferenciaba en demasía de la cátara. Sin embargo, no sería hasta el mes de mayo de 1167 en que se llevaría a cabo el primer concilio cátaro, celebrado en el castillo de Saint Félix de Caraman.

En dicho concilio serían ordenados seis nuevos obispos cátaros o Perfectos, impartiéndose el Consolamentum a una gran multitud de gentes que asistieron provinentes del Languedoc. Es a partir de ese momento que el catarismo ya se encuentra organizado como una Iglesia, constituyéndose comisiones que iban a delimitar los territorios de las diócesis correspondientes a Agen, Albí, Carcassonne y Toulouse.

Sin embargo, años atrás, la Iglesia de Roma ya fue consciente del peligro que para ella representaba el continuo avance que la nueva herejía estaba obteniendo en el Languedoc. Propiciado sobre todo por las propias actuaciones de los clérigos católicos, quienes ofrecían una imagen de abundancia y opulencia, a la vez que predicaban un mensaje de austeridad que ellos incumplían. Por si esto fuera poco, los obispos católicos amenazaban constantemente al pueblo con condenas en el infierno por las faltas más insignificantes; mientras que los Perfectos cátaros mostraban una actitud más optimista, tolerante y condescendiente, a la vez que difundían un mensaje de amor, en la tolerancia y la libertad. Los perfectos cátaros actuaban con total humildad, despreciando lo material y mundano, llegando a rechazar el diezmo impuesto por la Iglesia Católica a los nobles y fieles, otro punto a su favor que las gentes supieron valorar, ya que la Iglesia Católica imponía el pago del diezmo como un deber inexcusable.

A pesar de las persecuciones y castigos sufridos por los herejes cátaros durante ese tiempo, en el que incluso se llegó a ejecutar a varios herejes siendo quemados vivos en la hoguera, la doctrina cátara continuaba en auge. Tanto es así, que la Iglesia de Roma decide enviar a sus mejores oradores a la zona del Languedoc, con el fin de contrarrestar el éxito que estaban obteniendo los Perfectos cátaros. A tal efecto, el Papa Eugenio III, envía a un legado papal y al propio Bernardo de Claraval, quien ante las actuaciones de los perfectos cátaros indica que "la fe es cosa de persuasión y por lo tanto no debe imponerse". Convencido de la correcta actitud de "els bons homes", Bernardo de Clavaral, escribe un informe al Papa donde le confirma: "Nada reprensible se encuentra en su modo de vivir".

Años más tarde, en 1178, en vista de que el catarismo continúa en auge, la Iglesia de Roma, decide dar un escarmiento ejemplar. Así, envía a un legado papal a Toulouse, afín de conseguir una lista de los principales personajes cátaros de la ciudad. A la cabeza de dicha lista aparece el nombre de Peyre Maduran, un notable con gran poder económico, quien además es considerado como el mayor representante de los creyentes cátaros. El legado papal da la orden de apresar a Peyre y es encerrado en los calabozos. Después es obligado a salir descalzo y desnudo de cintura para arriba, mientras es azotado a latigazos durante todo el recorrido que va desde la prisión hasta el atrio de la iglesia de Saint-Sernin. A continuación le confiscan todos sus bienes y es condenado a mendigar durante tres años por Tierra Santa, con el convencimiento de que ante tan dura penitencia, además de su avanzada edad, ya no le sería posible regresar.

Por suerte para Peyre Maduran, los augurios del legado papal no se cumplieron y, de forma casi milagrosa, consigue regresar a Toulouse, después de haber permanecido durante los tres años impuestos en Tierra Santa. Siendo recibido triunfalmente en Toulouse por sus conciudadanos.

Tras los acontecimientos de Toulouse, la Iglesia de Roma, está decidida más que nunca, a acabar con la herejía cátara a cualquier precio. Es así como, en el Concilio de Letrán III, celebrado en el 1179, el Papa Alejandro III, hace una declaración indicando el modo en como habrá que combatir a los cátaros:

"Tomando las armas contra ellos, que sus bienes sean confiscados y se permita a los príncipes reducirles a la esclavitud... A los que luchen para expulsarlos, les perdonamos dos años de penitencia..."

Ahora ya no necesitaba excusas, partir de entonces, la Iglesia Católica actuaría con total dureza y crueldad contra los herejes cátaros.

© José Luis Giménez

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LA CRUZADA CONTRA LOS CÁTAROS O ALBIGENSES

Tras el Concilio de Letrán III, y a pesar de las persecuciones y duras condenas de que son objeto los herejes cátaros, el catarismo continúa expandiéndose por todo el Midi francés. Cada vez son menos los cristianos católicos que bautizaban a sus hijos y en un gran número de poblaciones se negaban a pagar el obligado diezmo a la Iglesia Católica. El clero católico ya apenas tenía credibilidad ante las gentes que veían como sus representantes eclesiásticos nadaban en la opulencia, demostrando un comportamiento mundano y corrupto.

En 1198, es elegido Papa el cardenal Lotario dei Conti di Segni, quien accedería al pontificado con el nombre de Inocencio III. Acostumbrado a resolver los conflictos por la fuerza, Inocencio III, lanzaría el mayor ataque bélico conocido hasta entonces contra los herejes: la cruzada contra los cátaros o albigenses. Una cruzada cristiana contra cristianos.

La primera disposición que lleva a cabo Inocencio III nada más subir al trono, es la de excomulgar a todos los albigenses. Pero no conforme con ello y a fin de asegurarse que fuesen acosados, amenaza con excomulgar también a todo aquél que rehusase perseguirlos, lo que obligaría a todo católico a convertirse en perseguidor de herejes cátaros, so pena de ser excomulgado.

Cinco años más tarde, en el 1203, Inocencio III, recurre a los monjes cistercienses, con el fin de combatir a los herejes cátaros. A tal fin, nombra legados papales a Raoul de Fontfroide y a Pierre de Castelnau, ambos pertenecientes a la abadía de Fontfroide, sita en Narbonne. Mas tarde, se les uniría Arnaud Amaury, abad de Citeaux (la casa matriz del Cister), quien llegaría a ser el jefe espiritual de la cruzada y uno de los personajes más crueles y sanguinarios durante la cruzada contra los cátaros.

Los tres legados papales llevan a cabo una cierta depuración en el clero católico occitano, con la idea de que las gentes viesen en esta acción un cambio positivo en la Iglesia. Sin embargo, no consiguen ser escuchados por el pueblo, ya que siguen viendo en estos representantes de la Iglesia Católica toda la pomposidad, suntuosidad y corrupción de que hacían gala, por lo que fracasan estrepitosamente en la misión que el Papa les había encomendado.

Ante el fracaso sufrido, acuden a la nobleza en busca de ayuda, intentando que ésta se comprometa con la Iglesia Católica en la extirpación de la herejía cátara. A pesar de que el rey Pedro el católico, II de Aragón y I de Cataluña, era vasallo del Papa, se daba la circunstancia de que una parte de las tierras de Occitania y del Languedoc, donde se había fomentado la herejía cátara, rendía vasallaje al rey Pedro, lo que motivo que sus vasallos, entre los que se encontraban el vizconde de Béziers y Carcassonne, Raymond Roger de Trencavel, y el conde Raymond Roger de Foix, se acogiesen a la protección del rey Catalano-Aragonés. Esta situación impediría que, de momento, no se hiciera uso de las armas en su contra. Otro de los principales nobles, como era el conde Raymond VI de Toulouse (cuyos dominios y poder era similar a los del propio rey Felipe II Augusto de Francia, a quien rendía vasallaje), también se negó a acudir en auxilio de los legados papales, por lo que el rey francés tampoco quiso complicarse, ignorando la petición papal.

En 1205 aparecería por primera vez la figura de un personaje que iba a tener mucho que ver en las cruzadas contra los cátaros y la posterior creación de la Santa Inquisición. Se trataría del monje Domingo de Guzmán. Domingo, viajaba por las tierras occitanas y el Languedoc acompañando al obispo de Osma, Diego de Acevedo, quien se dirigía a Dinamarca y a Roma, para concertar las bodas del príncipe Fernando. Durante dichos viajes, Domingo, llegó a conocer por si mismo los estragos que la herejía albigense estaba causando en la Iglesia Católica. Cuando tuvo la ocasión de entrevistarse personalmente con los tres legados papales que habían fracasado en la misión encomendada por el Papa, les recriminó su comportamiento, ya que mientras que ellos intentaban predicar a los fieles, cargados de suntuosidad, siendo acompañados inclusive por sirvientes, los Perfectos cátaros, lo hacían demostrando una total humildad que los llevaba a caminar descalzos. Un ejemplo de humildad que estaba más cerca del mensaje de Jesús que del ejemplo que daban los clérigos católicos de opulencia y corrupción.

Al año siguiente, en 1206, Domingo de Guzmán se entrevistará con el Papa Inocencio III, llegando a un acuerdo por el que se establecería en Languedoc como predicador entre los cátaros. Domingo predicaba descalzo, dormía al raso y se sustentaba de las limosnas que pedía, emulando el comportamiento de los Perfectos cátaros, lo que le valió conseguir algunas conversiones. Pero, a pesar de los pequeños logros conseguidos por Domingo de Guzmán, la herejía cátara continuaba su avance imparable. Las gentes ya no creen en los monjes cistercienses ni en los sacerdotes católicos, por lo que se intentará un último esfuerzo por comprometer a la nobleza en la erradicación de la herejía cátara.

Pierre de Castelnau, legado papal, instará al conde Raymond VI de Toulouse a que ponga fin a la herejía cátara; pero el conde de Toulouse no atiende a la solicitud del legado papal, por lo que Pierre de Castelnau procede a excomulgar de inmediato a Raymond VI, a la vez que libera a sus vasallos de las obligaciones que éstos tuviesen contraídas con el conde. Lo maldice públicamente y manifiesta su aprobación para todo aquél que desposeyera al conde de sus bienes, otorgándole su bendición a quien incluso llegase a matar al conde.

Como era de esperar, la situación provocada por el legado papal Pierre de Castelnau, agravaría las ya maltrechas relaciones entre el conde de Toulouse y la Iglesia de Roma, llegando a provocar una ruptura que aunque no llegó a ser definitiva en un primer momento, fue el fulminante que haría disparar los posteriores acontecimientos.

La estratagema del legado papal dejó al conde en una difícil situación ante sus vasallos, lo que obligó a Raymond VI a llegar a un acuerdo con Pierre de Castelnau, comprometiéndose a perseguir a los herejes cátaros. Esta aceptación por parte del conde de Toulouse, le valió que la excomunión le fuera perdonada.

Por otro lado, el descrédito que años antes habían sembrado los clérigos católicos por todas las tierras de Occitania y el Languedoc, ahora iban a pasarle factura a Domingo de Guzmán, quien sufriría en sus propias carnes el desprecio y el maltrato de las gentes, ya que frecuentemente era insultado y apedreado por los lugareños de las ciudades por las que pasaba predicando, debido a que los fieles ya no pueden creer en la sinceridad de un clérigo católico. Esta situación hace cambiar el pensamiento de Domingo de Guzmán, quien llegaría a decir:

"Donde no vale la bendición prevalecerá la estaca. Excitaremos contra vosotros a príncipes y prelados, y estos convocarán a naciones y pueblos". (Citado en la revista El Abraxas gnóstico, 3-10)

Las palabras de Domingo de Guzmán iban a convertirse pronto en una cruel realidad.

Después de transcurridos varios meses desde que el conde de Toulouse diese su palabra a Pierre de Castelnau, de perseguir y exterminar a los herejes, sin que realmente hubiese hecho nada por cumplirla, fue acusado de nuevo por la propia Iglesia de Roma de haberse apropiado de bienes de la Iglesia; de haber agraviado a sus obispos y abades, concediendo cargos públicos a los judíos y lo que era inadmisible: haber protegido a los cátaros; hecho que provocó una nueva excomunión. En esta ocasión, sería el mismo Papa Inocencio III quien alentaría a que cualquiera pudiese apropiarse de los bienes del conde de Toulouse, incitando a los vasallos del conde a desobedecer las órdenes de éste.

La situación del conde de Toulouse cada vez era más complicada, por lo que se vio obligado, una vez más, a intentar otro acercamiento hacía la Iglesia de Roma.

El conde Raymond VI invitó al legado papal Pierre de Castelnau, a que acudiese a su palacio de Saint-Gilles du Gard (población cercana a Arles), con la idea de alcanzar algún tipo de pacto. Después de varios días de discusiones entre el legado papal y el conde, sin que fuese posible alcanzar ningún acuerdo, a mediados de enero del año 1208, Pierre de Castelnau, abandona el castillo acompañado de su séquito, con la idea de dirigirse a Roma, a fin de informar personalmente al Papa Inocencio III de lo ocurrido. El 15 de enero de 1208, iba a producirse un hecho trascendental que serviría de excusa, para dar comienzo a la cruzada contra los cátaros.

Efectivamente, a primera hora de la mañana del 15 de enero de 1208, Pierre de Castelnau tiene que atravesar el río Ródano, para lo cual, se dirige hasta el embarcadero de Arles. Mientras se encuentra esperando a la barcaza que tendría que cruzarlo hasta la otra orilla, aparecen un grupo de jinetes que les impiden el paso. Uno de los jinetes ataca directamente a Pierre de Castelnau y le clava la lanza en la espalda, dejándolo tan mal herido, que muere desangrado pocas horas después.

Esta circunstancia es aprovechada por el Papa Inocencio III para acusar al conde Raymond VI de Toulouse de ser el responsable del asesinato de Pierre de Castelnau. Ahora Inocencio III tenía la excusa perfecta para convocar una cruzada contra el conde protector de los herejes, puesto que, según se dijo, en las discusiones mantenidas entre el legado papal y el conde Raymond VI, este último llegaría a proferir amenazas contra Pierre de Castelnau, al negarse el legado papal a retirar la excomunión del conde, hecho que lo convertía en el principal sospechoso.

Aun cuando no existía prueba alguna de la culpabilidad de Raymond en la muerte del legado papal, ya que ni siquiera fue juzgado por tribunal alguno, el Papa Inocencio III, ve en esta circunstancia una oportunidad única para que el rey Felipe II Augusto de Francia se decidiera por fin a empuñar las armas contra los nobles del Languedoc que protegían a los herejes. Ahora había llegado el momento de acabar de una vez por todas con la herejía cátara y, de paso, eliminar las reticencias que hasta entonces había encontrado la Iglesia Católica entre los nobles occitanos y del languedoc. Para ello, el Papa Inocencio III convoca una cruzada contra los albigenses. Con esta acción bélica, sería la primera vez que un Papa convoca una cruzada de cristianos contra otros cristianos: hermanos en la misma fe.

A fin de conseguir el máximo de participantes en la cruzada, el Papa otorgaba una serie de indulgencias y bienes materiales a quienes participasen en las mismas. Así, entre las condiciones más destacadas, que daban derecho a percibir dichos bienes materiales e indulgencias, estaban las que hacían referencia al tiempo de permanencia en las mismas, y que consistía en que, el cruzado, debería de permanecer por un espacio de tiempo no inferior a cuarenta días (conocido como la cuarentena), tras los cuales, quedaba autorizado a regresar a su domicilio, entendiéndose que había cumplido con su obligación.

La primera intervención bélica de la cruzada tendría lugar en el año de 1209, con el ataque a la ciudad de Beziers, donde se llevaría a cabo una gran carnicería. Las convocatorias para la cruzada contra los herejes cátaros se fueron repitiendo paulatinamente, hasta llegar a la fecha de 1229 en que la persecución de los herejes por parte de los cruzados daría paso a otra institución, si cabe, mucho más cruel: la Santa Inquisición.

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EL OCASO DEL CATARISMO

Paralelamente a la época de las cruzadas contra los cátaros, también iban a surgir otras órdenes mendicantes que tendrían una relevante importancia en el desarrollo de la Santa Inquisición, y entre las que cabe destacar: la Orden de los Franciscanos, fundada por Francisco de Asís (Giovanni Bernardone, si bien era conocido como Francesco, nombre impuesto por su madre, debido al amor que ésta sentía por Francia), en el año 1209 y la Orden de los Predicadores, también conocida popularmente como Orden Dominica o de los dominicos, fundada por Domingo de Guzmán, en el año 1216.

Gracias a la extrema ortodoxia que practicaron Francisco de Asís y Domingo de Guzmán en las predicaciones que llevaron a cabo por las tierras del Languedoc -- la cual contrastaba con la opulencia del clero episcopal --, llevaría a ambas órdenes a que, en pocos años, tuviesen una gran aceptación en casi toda Europa. Esta situación sería aprovechada por el Papa Gregorio IX, quien en el año de 1231, iba a decretar la bula "Excommunicamus" por la que se crearía la Inquisición Pontificia. La organización de dicha Inquisición Pontificia recaería en las órdenes de los Franciscanos y los Dominicos, si bien, iban a ser los dominicos quienes obtendrían mayor fama como inquisidores. Entre los inquisidores dominicos más famosos, cabe destacar a Bernardo Gui y a Tomás de Torquemada.

Tras la muerte de Simón de Montfort en Toulouse, y las derrotas continuadas de su hijo, Amaury de Montfort, intentando recuperar o mantener los territorios conseguidos por su padre, la situación política y religiosa en el Languedoc volvió a estar bajo la protección del Conde de Toulouse (Tolosa).

Amaury de Montfort, tras sufrir derrota tras derrota, optó por ceder todos sus derechos en el Languedoc en favor del rey de Francia y regresar a sus tierras en Paris. A partir de ahora, sería la corona de Francia la que intervendría en la lucha, interesada en reclamar las tierras cedidas por Amaury de Montfort.

Muchos de los perfectos cátaros y creyentes que habían conseguido sobrevivir a la cruzada y huyeron de las ciudades masacradas, encontraron refugio en uno de los castillos que más adelante se convertiría en parte de la leyenda; se trataría del castillo de Montségur.

El castillo de Montségur fue construido por el señor del lugar (Ramón de Péreille) entre los años 1205 a 1211; en la cima de un macizo rocoso y sobre las ruinas de una antigua fortaleza. Este lugar, en tiempos muy remotos, había sido un centro o santuario religioso dedicado a la diosa celtibera Belissena, la equivalente a la diosa fenicia Astarté y a la griega Artemisa.

Durante varios años, y en el periodo que va desde el 1229 -- año en que se da por acabada la cruzada contra los cátaros -- hasta 1244, año en que caerá uno de los mayores y más famosos bastiones cátaros: Montségur, el pueblo cátaro vivirá con cierta tranquilidad, llegándose incluso a observarse un aumento de fieles.

A pesar de esta cierta tranquilidad y seguridad que mantenían los herejes cátaros, lo cierto es que la guerra que ahora se libraba entre el ejército francés y los nobles del Languedoc, no les iba a eximir de ser torturados y ejecutados por la Inquisición.

Esta nueva institución -- la Inquisición Pontificia --, tomaría el relevo a los cruzados, sirviéndose de las sentencias a muerte que los inquisidores dictaban de forma caprichosa contra los herejes cátaros o albigenses, sumiendo a las gentes del Languedoc en el miedo y el terror, a la vez que promovía el odio hacia los inquisidores, en especial hacia los dominicos.

Ante los abusos y desmanes de la Inquisición, muchos señores nobles occitanos que fueron desposeídos por la cruzada y la Inquisición y que ahora eran conocidos como "faidits", respondieron violentamente contra la violencia, lo que provocaría que, a consecuencia de los ataques y asesinatos de varios de los Inquisidores de otras tantas ciudades, entre los que cabe destacar el asesinato en 1242 de los Inquisidores de Avignonet. Un año después, en mayo de 1243, el senescal de Carcasona, siguiendo las resoluciones adoptadas en el cónclave celebrado semanas atrás en Béziers, da las órdenes oportunas al conde de Toulouse -- Raymond VII, quien ahora era vasallo del rey francés --para que emprenda el asedio a la fortaleza de Montségur. Dicho asedio se prolongó durante más de diez meses, al final de los cuales, en el primer día del mes de marzo del 1244, se produciría la rendición del castillo.

Tras las negociaciones de capitulación llevadas a cabo por el señor de la fortaleza, estos aceptan las condiciones ofrecidas por los vencedores, quienes les otorgan 15 días de plazo para el abandono del castillo, permitiéndoles marchar a los defensores una vez hayan sido interrogados y cumplido una leve penitencia, así como a los herejes, una vez hubiesen abjurado de su fe. Si los herejes no abjuraban de su fe, serían quemados vivos en la hoguera.

Este plazo de gracia de quince días, sería aprovechado por los perfectos cátaros para llevar a cabo la huida u ocultación de lo que muchos autores y leyendas dieron en llamar "El tesoro del Santo Grial".

A partir de ese momento se extiende la leyenda del Santo Grial, donde según algunos autores, el Santo Grial, haría referencia al cáliz o copa que Jesús utilizó en la última cena y que posteriormente sería utilizada por José de Arimatea para recoger la sangre de Jesús crucificado. Pero existe otra versión --y que considero la más acertada --, donde el Grial, no sería esta copa o cáliz, sino que se trataría del recipiente viviente que contendría la sangre de Jesús en su interior; en este caso se refiere a María Magdalena, como esposa y madre de la descendencia de éste, quien al llevar en su vientre la descendencia de Jesús, también era la portadora de la sangre.

En la mañana del 16 de marzo del 1244, y tras los 15 días de gracia, fueron conducidos a la hoguera 215 herejes, entre perfectos cátaros y creyentes, ya que ninguno de ellos consintió en abjurar de su fe. Las hogueras donde se quemaron a los herejes cátaros, fueron situadas al pie de la escarpada montaña donde está ubicado el castillo de Montségur, un lugar que actualmente es conocido como "el prat dels cremats" (el campo de los quemados), donde se encuentra erigida una estela conmemorativa del suceso.

La capitulación de Montségur -- el que hasta entonces se había considerado como uno de los bastiones cátaros inexpugnable --, representó un duro golpe para la comunidad cátara, que inició un rápido declive, viéndose obligada a refugiarse y huir fuera de los dominios del rey francés.

Uno de estos refugios fue el castillo de Quéribus, situado en la frontera, entre los territorios del rey francés y la Corona de Aragón. En Quéribus, los cátaros pudieron permanecer a salvo durante once años más, es decir, hasta mayo del 1255, en que capitula tras un breve asedio, y pasa a formar parte de las fortalezas reales del rey francés. Es a partir de ese momento en que la guerra contra los nobles herejes y los cátaros se da definitivamente por finalizada.

Los cátaros que consiguieron huir de Montségur, y posteriormente de Quéribus, lo hicieron siguiendo un camino conocido como "el camí dels bons homes" (el camino de los hombres buenos) y que, partiendo desde la montaña de Montségur, cruzaría los Pirineos para adentrarse en Catalunya, y cuyo recorrido atravesaría entre otras, las poblaciones de Comus, Orgeis, Merenç de las Vals, Porta, Bellver de Cerdanya, Bagá, Gósol y Santuario de Queralt (Berga - Barcelona). Una ruta de 189 kms. que aún hoy día se viene realizando a pie en ocho jornadas, si bien puede ser realizada a caballo o en bicicleta en un menor tiempo. Según algunos autores, los caballeros templarios habrían ayudado a los cátaros a realizar dicho itinerario, llegando a defenderlos incluso con las armas.

Pero la Inquisición iba a seguir persiguiendo y ejecutando en la hoguera a los herejes cátaros durante sesenta y seis años más, hasta que en el año 1321, iba a ser apresado Guillaume Bélibaste, el último perfecto cátaro, siendo condenado a morir quemado en la hoguera, ejecutándose la sentencia en el patio del castillo episcopal de Villerouge-Termenés.

 

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LOS PAÍSES CÁTAROS

 

Cuando aludimos a los "Países Cátaros", estamos haciendo referencia a la zona comprendida en el "Languedoc-Roussillon", situada en el Sur de Francia, y la zona del "Midi-Pyrenées", flanqueada al Este por la Provenza, en el mar Mediterráneo y al Oeste por Aquitania, en el Océano Atlántico.

La denominanción de Países Cátaros, ha sido acuñada a partir de la Cruzada contra los cátaros o albigenses ( por la ciudad de Albí), llevada a cabo en la Edad Media (1209-1229) y posteriormente hasta su total aniquilación como comunidad religiosa en el 1255 con la capitulación del castillo de Quéribus, si bien siguieron existiendo cátaros hasta el 1321, fecha en que fue ejecutado a morir quemado vivo en la hoguera el último perfecto cátaro: Guillaume Bélibaste.

No obstante, aunque las ciudades consideradas cátaras o pertenecientes al Páis Cátaro, sobrepasan con mucho el centenar, haremos alusión únicamente a los lugares más emblemáticos o relevantes y que tuvieron un papel más trascendente en la historia. Aún así, a continuación, se detallará los diferentes departamentos que comprenden los países cátaros:

- Departamento del Ariège: Foix, Mirepoix, Montaillou, Montreal de Sos, Montségur, Ussat les Bains, Usson.

- Departamento del Aude: Aguilar, Arques, Carcassonne, Fanjeaux, Lastours-Cabaret, Les Cassès, Narbonne, Peyrepertuse, Puilaurens, Puivert, Quéribus, Rennes le Château, Termes, Villerouge-Termenès.

- Departamento de Aveyron: Millau (la Couvertoirade)

- Departamento de Dordoña: Domme, Sarlat.

- Departamento de Gard: Beaucaire, Saint-Gilles.

- Departamento de Haute-Garonne: Avignonet, Muret, Saint Felix de Lauragais, Toulouse.

- Departamento de Hérault: Béziers, Minerve.

- Departamento de Lot: Cahors, Rocamadour, Saint Cirq Lapopie.

- Departamento de Tarn: Albi, Castres, Cordes sur Ciel, Gaillac, Lavaur, Ciudad de Puylaurens, Rabastens.

- Departamento de Tarn et Garona: Moissac, Montauban.

- Departamento de Vaucluse: Avignon.

 

FOGRAFÍAS DE ALGUNOS LUGARES CÁTAROS EMBLEMÁTICOS O RELEVANTES:

 

Arques - castillo
Avignon, Palacio Papal

Beziers, iglesia de Santa María Magdalena
Beziers, vista general con el puente viejo y la catedral

 

Carcasona, entrada principal a la Cité
Carcasona, Castillo Condal en la Cité

 

Cucugnan
Foix - castillo

 

Lastours - castillos
Montségur - castillo

 

Montségur, estela del "prat dels cremats"
Narbona, Palacio Arzobispal y Catedral

 

Peyrepertuse - castillo
Puilaurens - castillo

 

Puivert - castillo
Quéribus - castillo

 

Rennes le Château - Diablo Asmodeo
Rennes le Château - Tour Magdala

 

 

Más información en el libro:

"El Triunfo de María Magdalena - Jaque Mate a la Inquisición" de José Luis Giménez

© José Luis Giménez

www.jlgimenez.es

informacion@jlgimenez.es


 

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