LA ESFINGE Y LAS PIRAMIDES...
¿ OBRAS DE ATLANTES?
No había puesto orden en mi cabeza, mientras inconscientemente, me acerqué a otros objetos que se encontraban en la próxima " estantería".
Observé un recipiente en forma de cubo, de unos 30 cm. de lado, y que parecía transparente.
Seguí las indicaciones de Yossaff, tomé el recipiente vacío, lo sopesé, y me pareció que tenia un peso muy liviano, posiblemente por la ligereza del material con el que estuviese confeccionado. A continuación, lo llené con el agua que se encontraba en otro recipiente, lo tomé en mis manos y volví a sopesarlo. Ahora no sé como explicarlo, pero el recipiente, ¡pesaba lo mismo que cuando estaba vacío!.
Acto seguido Yossaff, utilizando el fabuloso anillo que llevaba en su mano izquierda, hizo aparecer frente a mí, una especie de pantalla holográfica, en la que se iban a ir representando las distintas respuestas y explicaciones a mis cuestiones.
En primer lugar, apareció una imagen con la misma forma del recipiente que acababa de ver, dicha imagen fue girando sobre sí misma, apareciendo en cada lado, una serie de escritos en forma de jeroglífico - que evidentemente yo no entendía -. Conforme iba progresando la proyección, aparecían otros detalles que se referían a fórmulas técnicas, así como un dispositivo que se encontraba dentro de la composición del material del recipiente, en cada lado del mismo.
Una vez hubo terminado la exposición técnica (por llamarlo de alguna manera), apareció proyectado el recipiente, indicando diversas utilidades.
Así al ser llenado el recipiente con distintos materiales como: bloques de piedra, metales, o agua y, tras activar el dispositivo, el recipiente podía ser elevado sin ninguna dificultad por cualquier persona, aún cuando las dimensiones del mismo parecieran exageradas, o en caso necesario, elevarse o levitar sobre el suelo.
Las cuestiones se agolpaban en mi cerebro, ¿ por donde empezar?, ¡tenía tantas cosas que preguntar!
Yossaff parecía como si se hubiese quedado inmóvil, y dibujando una disimulada sonrisa, me espetó:
( se dirigió a mí, con una ternura paternal y poniendo el acento fonético en la ó, omitiendo el nombre compuesto)
¡ Otra vez se me agolpaban las preguntas!, no sabía si retomar las cuestiones anteriores o continuar adelante con las nuevas dudas.